Dice el refrán popular que “después de la tempestad viene la calma”, esto a propósito de lo aguerrido de las campañas políticas, y que las que recién nos ocuparon no fueron la excepción. Quizá al calor de la confrontación que implican las contiendas electorales, se expresan exabruptos, se destila ira en momentos que a la mente le gana la pasión, por el deseo desmedido de triunfo, pero todo, después, tiende y llega a una normalidad, que es propia de la vida diaria.Mi modesta reflexión se debe a la idea de que si todos los candidatos proponen beneficios para la ciudadanía, si el voto popular los ubica en la posición política, ahora ya rebasadas las campañas, esas plataformas se deban convertir en practicas, que aporten beneficios a los municipios o distritos que antes pretendían gobernar, y que ahora con su Asunción al puesto pueden hacerlo; lo anterior, con relación a que la conjunción de esfuerzos, de todos los protagonistas políticos, que ahora, tenemos, sin importar su origen partidista.Yo tengo la seguridad, que ya normalizadas las funciones de la gobernatura, la diputación local y federal, y la presidencia municipal, se podrán realizar todas aquellas gestiones que la población espera que sus gobiernos realicen para ese mejoramiento en el nivel de vida, que palabras mas, palabras menos, todos los contendientes prometieron dar.A nivel municipal y estatal, así como en la diputación federal, se manifiesta un pluralismo envidiable, pero ello mas que perjudicar, debe beneficiar a la sociedad, que estos funcionarios, legisladores dijeron pretender y si obtuvieron el voto mayoritario es porque el elector vio madurez, capacidad y conocimientos.Nuestro presidente electo tiene esos atributos, y los sabrá poner al servicio de la ciudadanía, pues así lo ha manifestado reiteradamente, solo falta en concurso de los otros protagonistas, y creo que si se va a dar.