Siempre en todos los lugares, cuando se desarrolla una campaña política, aparecen en el escenario muchos factores que de alguna manera son componentes obligados de dichas campañas, deseados o nó, agradables o nó, formando parte de las estrategias que cada uno de los partidos instrumenta para fortalecer su acción política, o que se hacen aparecer como consecuencia de supuesta iniciativa de ciudadanos interesados en expresar, casi siempre, versiones difamatorias de algún o algunos candidatos, con el evidente fin de restarles el impulso que un candidato logra, y perjudica al que paga esa versión difamatoria.Además del interés malsano, la desesperación e incapacidad del actor político que opta por tirar escritos anónimos que publican pretendidas verdades de los contendientes, se ve que la añeja costumbre de afirmar cosas malas de los demás, sin firmarlas, es y ha sido protagonista de, cuando menos las ultimas siete u ocho administraciones, sin que se sepa que alguien de carne y hueso, antes o después de que el cobarde escrito apareciera, se apersonara ante quien el escrito alude y en actitud viril y responsable haga publica su opinión, justa o injusta, valida o nó, pero legitima. Pero el indeseable anónimo, solo se concreta a eso, en una herramienta cobarde, de quien aspira a lograr un puesto, o de alguno de sus seguidores que con ello, no benefician absolutamente a nadie.Jaime perez, tranquilo, leyendo o escuchando los infundíos de que es objeto, sin autor expreso, pero de origen claro, pues coinciden con lo que gritan en tribuna otro candidatos, dispuesto, como públicamente lo dijo, a realizar un debate donde cada candidato pueda confrontar su plan de gobierno con el de los otros, sin mas aliados que su habilidad de expresión y lo idóneo su plan de gobierno, esa disposición sin el ingrediente del anonimato, no ha tenido eco, aunque Jaime seguirá insistiendo, pues cree que los anónimos verbales o escritos, dicen solo enfrentan quien no tiene nada que temer y que a toda esa basura, si es materia que debe conocer la autoridad competente, pues que se denuncie y si nó, que es lo que temen los embozados, que culpabilice a los mentirosos que lo inventan oque lo repiten.Yurécuaro merece una autoridad con experiencia, que no vaya al puesto a procurar su mejora material, sino a prestar un servicio público de calidad que su nivel académico, si lo tiene, le permite prestarlo. Yurécuaro reclama que su juventud con los bríos que le son propios lo sirva. El Yurécuarense no cree en los redentores eternos, porque las circunstancias cambian, Yurécuaro no cree en quien tiene como única defensa y argumento su voluntad. Yurécuaro no cree en los apóstoles modernos, los únicos que conocen y respetan, son los asistentes a la ultima cena. Los que se auto alaban, esos, que ya dejen de inspirar anónimos.